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Trail Running España

Crónica «La Ronda dels Cims 2018»

08/07/2018
Ronda dels Cims 2018

Juan Diego Aguilar nos trae la crónica de la Ronda dels Cims del 2018 llena de aventuras que no deja lugar a la lucha y sacrificio de nuestro compañero de Trail Running España. La carrera se disputó el 06/07/2018. Cuenta con 170 km y 13.500 m+.

El despertador sonó a las 05.20 para la Ronda dels Cims

Despertándome a pesar de llevar varias horas despierto entre el sueño y los sueños de la Ronda dels Dims… para dormir medianamente bien tuve que tomar dos tés de valeriana sobre las 22.00horas… en este tipo de pruebas los nervios juegan malas pasadas..

La sensación de lucha es solo un elemento más de todos los factores que influyeron de una manera u otra en el desenlace de la prueba… la más dura a la que me haya enfrentado.

En silencio y sin pretensiones de molestar a nadie, compuse mi mochila con todo el material obligatorio para la Ronda dels Cims y me calcé la mallas para la gran aventura que me esperaba..

Tras desayunar copos de avena con chocolate y en el silencio de la madrugada, pude despertar a Alejandra. A quien abracé echado en el sofá durante diez cortos minutos, encontrándome en el abismo de la seguridad de los brazos de quien te ama o en la extraordinaria incertidumbre de las montañas cuyas dimensiones son impresionantes…no siendo consciente de la gran aventura que me quedaba por recorrer…

Tras llenar los botelleros con agua, tomamos carretera Xavi, Alejandra y mi pequeña Valeria.

Había amanecido despejado…

Se escuchaba a lo lejos la música de los tambores frente a la iglesia de Ordino… eran millones de cosas las que se me pasaban por la cabeza… mi ansiado momento había llegado.

Tras colocarme el dorsal correctamente, pasé revista en el control de material obligatorio a falta de 12 minutos para las 07:00horas, cruzando el cajón de los corredores… solo quedaba esperar 12 minutos, la cuenta atrás de casi dos años estaba a punto de finalizar… conmigo todos , no me encontraba solo.

Y tras el sonido de los fuegos artificiales y el sol de la mañana, la fila de corredores comenzó a moverse, sin prisas, a ritmo de trote de calentamiento, dejándose caer cuesta abajo.

En torno a mí cientos de rostros igual de ilusionados que el mío, ciento de historias a cual mejor. Cientos de corredores a cual mejor preparados para esta locura de la RONDA DELS CIMS… 170km… miles de pensamientos que disparados explotaban en mi mente y solo llevaba 100 metros recorridos…

Tras recorrer no más de un kilómetro de asfalto en suave pendiente ascendente. Nos adentramos en el bosque a espaldas de la casa de Meri, escuchándose únicamente el jadeo y el sonido de las pisadas de los corredores… tras otro kilómetro por Ordino, comenzamos el ascenso por un sendero bien marcado y con claras intenciones de ralentizar el ritmo de carrera… se podían observar todo tipo de estilos para correr… desde los más insensatos que adelantaban a corredores entre los matorrales en el km 3 de los 170 Km. A los más cautos que a pasos lentos pero firmes eran conscientes de lo que nos esperaba…

El bosque en la Ronda dels Cims

Antes de adentrarnos en el bosque, pudimos ser despedidos por el director de la carrera, Gerard Martínez, todo un gesto que dignifica aún más su persona.

Tras alcanzar los 200 positivos, pude contemplar una preciosa panorámica de Ordino, prometiéndome en mi interior no volver hasta el domingo de madrugada.

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Una vez finalizada la primera subida, a continuación tomamos una pequeña bajada por el mismo sendero, sin dificultad, con cierta tendencia a coger velocidad… optando por mantener un ritmo constante, manteniendo las distancias con el resto a pesar de que fueron mucho los que me adelantaban.

Tras un kilómetro bastante agradable por un sendero ondulado en el bosque, iniciamos el siguiente ascenso, con rampas bastante agresivas pero cortas hasta alcanzar la cota de 1990 metros aproximadamente. Siendo el ritmo de carrera lento pero constante en este ascenso…

Poco a poco fuimos superando constantes rampas con fuerte inclinación. Abandonamos los bosques para tomar ruta por los pastos hasta alcanzar el Col de Arenes y luego posteriormente el collado de Ferreroles. Todo un triunfo y con la fuerzas intactas a 2500 metros de altitud y superando casi un 1300 positivos en apenas 10 km. Siendo así testigo de un espléndido paisaje, con el cielo despejado y sin ninguna nube.

La primera cima de la Ronda dels Cims

Una vez coronada la primera cima, la bajada que a continuación se realizaba no revestía dificultad, contemplado de lejos el collado de Meners

Llegar al refugio de Sortein fue agradable, por un camino tranquilo, al ritmo de pelotón, sin forzar el ritmo a pesar de llevar 03.30 horas de carrera.

” Resulta curioso contemplar en un golpe de vista el principio y el final de esta larga aventura”.

Tras un breve refrigerio, rellenar botelleros y darle mil besos a la familia, salí del avituallamiento repleto de energía. Iniciando así una suave ascensión que precedía a un descenso sin dificultad para adentrarme posteriormente en el valle de Rialb… lugar precioso… con una pendiente progresiva que al principio era imperceptible y luego se agravaba hasta la famosa Portella de Rialb a 2500 metros de altitud. Una subida que en resumidas cuentas realicé sin mucho esfuerzo, con pendientes progresivas. En su justa medida te hacían sumar fuertes positivos y en la que debía de ser cauto, ya que aún me quedaban 146km de carrera.

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Una vez en la Portella de Rialb, se siente el avituallamiento muy cercano ya que se puede observar a simple vista, pero nada lejos de la realidad, quedando una hora de camino y con un fuerte ascenso al Estany de Esbalcat. Destacando en este tramo lo húmedo y roto que se encontraba el piso, con bastantes puntos de agua que te hacían mojar calzado, y en donde la vista del avituallamiento te hacía jugar una mala pasada ya que pensaba que lo tenía a tiro de piedra y su llegada se me hizo larga, optando una vez llegado por una parada de 20 minutos para reponer de manera consecuente.

Llevaba en la Ronda dels Cims unas 06.30 horas

Y solamente recorrido 33 kms de la ultra. Fuerzas intactas e ilusión por la nubes.

Cuando partí del avituallamiento era consciente de que no volvería a ver a Alejandra durante prácticamente todo el día. Justamente hasta llegar al Col de la Botella en el km 61. Así le di un beso con lágrimas en los ojos y me sumergí en mi interior, tomando las pistas de esquí con dirección a la Brecha de Arcalís (parece trágico, pero el sentimiento que tenía era de alegría y fuerza, muchísima fuerza).

Juan Diego Aguilar en la Ronda del Cims 2018
Juan Diego Aguilar en la Ronda dels Cims 2018

El ascenso como todos fue ser prolongado, aumentando en dificultad a medida que iba avanzando, sorprendiéndome de manera considerable el paredón que tenía ante mi cuando faltaban escasos 300 metros para llegar a la brecha, con bastante piedra suelta en un sendero muy picado hacia arriba pero bien diferenciado, recordándome al famoso Col du Tricot de la TDS del Mont Blanc.

Circo de la Angonella

Pasados 15 minutos, logré superar el ascenso de la brecha, contemplando ante mí el precioso circo de la Angonella con sus tres lagos, encontrándose erguido e imponente frente a mi el Col de Cavall, otro paredón de similares características que la brecha.

El tramo de los lagos era relativamente llano, con bastante piedra esparcida por el sendero, siendo un regalo para la vista bastante agradable, más si cabe cuando el sol de las dos de la tarde lo tenía en la espalda de manera implacable, dejando atrás el km36 y preparando el cuerpo para el ascenso al Col de Cavall.

El ascenso tampoco presentaba mucha historia, con similares características que el anterior, siendo un tramo bastante lento por la considerable presencia de piedra suelta y puntos de nieve, no tardando más de 30 minutos en llegar a la cima.

Coll de Ferreroles en la Ronda dels Cims

Una vez arriba el paisaje era espectacular, con el valle de Ordino a mis pies, siendo totalmente perceptible el Coll de Ferreroles, el mismo lugar donde horas atrás estuve corriendo.

Una vez salido del tramo de la cresta, comencé un descenso largo que primeramente se presentaba en un tramo de pasto bastante cómodo, para luego coger un tramo por zona boscosa un poco incómodo por la multitud de raíces y rocas que presentaba, cayendo finalmente en una bifurcación que conectaba con el camino de la Mitic, tomando dirección al Comapedrosa.

A partir de aquí el recorrido me resultaba familiar y a su vez desconocido, ya que lo había atravesado hasta en dos ocasiones pero siempre por la noche con mis dos participaciones en la MITIC, un tramo que me permitía mantener un trote llevadero que sin prisas me hicieron llegar al km 43.

Pla de Estanny

Llegar al avituallamiento del Pla de Estanny no me resultó complicado, pero el mole de piedra que tenía ante mí imponía muchísimo a su vez que me cautivaba… la montaña del Comapedrosa, la reina de las cimas de Andorra, esperaba a los corredores y sonreía sabiendo que su ascenso iba a ser complicado e igualmente inolvidable, como siempre suele ser.

En el avituallamiento tomé un par de cazos de caldo de pollo y un hibuprofeno en sobre, alimentándome a conciencia para afrontar el duro ascenso… rellené tres botelleros con agua y me dispuse a paso lento a arrancarme en la subida.

Como todos los inicios, al principio era bastante llevadero por un tramo de pasto y rocas, adornado por el sonido de los cencerros de los caballos que pastaban por la zona… pero luego la subida se volvió agresiva, tomando como piso el puro mineral, resultando bastante incómodo el uso de los bastones por no decir inservibles.

Las curvas en zigzag provocaban que el ascenso fuera lento, encontrándome por el camino a corredores que abatidos decidían tomarse un descanso. Yo en mi interior recordaba este ascenso a la luz de la luna, no siendo consciente de lo vertical y alto que estaba el Comapedrosa, siendo testigo en esta ocasión de lo complicada que era la subida y de lo crítica que era por presentarse en el km 43 de la ultra, ya con bastantes horas de trail en las piernas y sin haber comenzado prácticamente la carrera…

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El Collado de Malshinvers de la Ronda dels Cims

Tras unos 50 minutos aproximadamente, conseguí alcanzar el collado de Malshinvers, quedando todavía unos 15 minutos hasta coronar la cima.

Al cabo del rato, el sonido de la música del gaitero me robó la primera sonrisa en horas…

«Al alcanzar el techo de Andorra se alcanzan muchas metas, muchos objetivos y sueños que se cumplen en un instante que lleva tras de sí todo un año de entrenamientos y pensamientos dedicados a esta montaña tan especial para nosotros… para mí… escuchar la gaita en el punto más alto de Andorra es uno de los momentos más especiales que jamás tendré en mi vida de corredor, quizás el más especial»

Pero sin pausa para el respiro, escondido entre la niebla y la euforia, me lancé cuesta abajo entre lascas y tarteras, con piedra suelta por un sendero bastante técnico que resultaba igual de lento que la subida, hasta alcanzar finalmente el tramo de nieve que rodeaba el estanq negre, un lugar de postal que precisaba de la máxima atención para atravesarlo por lo resbaladizo que se encontraba el terreno… este año estaba completamente nevado , mucho más que años anteriores.

Comapedrosa, la reina de las cimas de Andorra

Ya pasado este punto, llegué al avituallamiento del refugio del Comapedrosa sin apenas dificultad, por tramos bastantes marcados y senderos que no revestían ningún peligro, encontrándome casi sin darme cuenta en el km 51 sentado en el refugio con un buen y merecido caldo de pollo entre las manos. Descansado durante no más de 5 minutos y con las fuerzas renovadas, aproveché mi propia ventana de buen tiempo para salir en busca de la Portella de Sanfons, siendo en su primer tramo bastante llevadero, ideal para poder digerir la comida con comodidad, pero resultando al cabo de un kilómetro como un ascenso bastante picado e implacable, con el pico del Comapedrosa observándome y despidiéndose de mí, en un tramo que era fuerte pero asimismo muy corto hasta que finalmente me conducía a la Portella a 2500 metros de altitud aproximadamente.

Una vez arriba, en este tramo de la ultra pude correr, literalmente pude correr con soltura y comodidad, por un sendero muy bien marcado, sin apenas obstáculos y con cierta tendencia a descender, resultando ser un momento idílico que recuerdo con mucho cariño… resultaba inolvidable ver a 2500 metros de altitud cómo iba cayendo el sol de la tarde por las cumbres de Andorra mientras me encontraba corriendo, con mi padre al lado.

Puerto de Cabull

Tras un par de kilómetros, el tramo ondulado se picaba fuertemente en cuesta abajo hacia el puerto de Cabull con el avituallamiento del Col de la Botella al fondo, siendo esta bajada un poco delicada por lo agresivo del desnivel, pero calmando bastante a cada paso dado… llegando al puerto de Cabull por un sendero comodísimo, atravesando un minúsculo tramo de carretera…( llevaba 57 kms sin pisar nada asfaltado, un detalle que dice mucho de la calidad de esta carrera).

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La bajada al valle de Eturia no tenía tampoco mucha historia, quitando si cabe que eran unos 3 kms aproximadamente por una zona sin senderos, corriendo entre los pastos, prestando mucha atención al cuidado de los tobillos. Comenzando a la media hora aproximadamente el ascenso al Col de la Botella por las pistas de esquís.

Casi llegando tuve la fortuna de reencontrarme con mi amigo Miquel García, quien me dio infinitos ánimos y me avisó de que todos se encontraban el avituallamiento esperándome… sin duda alguna, en estos momentos uno acelera el ritmo ansioso por ver a la familia.

Todos me esperaban…

Al cabo de unos minutos, todos me esperaban, con el sol de las ocho de la tarde sobre nuestras cabezas, emocionándome de manera exultante tras abrazarlos a todos.

Recuerdo en el año 2015 cuando amaneciendo llegué a este avituallamiento en la MITIC, no siendo recibido por nadie, y años después en este mismo punto tenía a mi mujer, a mi hija y a mi increíble familia de Andorra, todos esperándome para darme un abrazo y darme fuerzas… sin duda, esta es la magia que para mí representan estas montañas.

Pero tras 15 minutos de júbilo, mi instinto me llevó de nuevo a la montaña, dándole un fuerte abrazo a Alejandra y lanzándome por un tramo deliciosamente ondulado hacia la Collada de Montaner, ascenso que se me hizo un poco largo, alcanzando el punto de Control del Bony de la Pica sin mayor dificultad.

Ordino

Recuerdo que desde aquí pude contemplar perfectamente el pueblo de Ordino, con el reloj del campanario iluminado, repleto de corredores de la modalidad de la MItic a quienes le faltaban minutos para iniciar la aventura, una aventura que a mí personalmente me cambió la vida. En este punto aproveché para sacar el frontal y mentalizarme de que la bajada ya la conocía y que era bastante intensa, uno de los puntos clave de la ultra. Ante mi tenía un descenso de 1500 metros en apenas 7 kilómetros.

Cuando se analizan la ultras siempre se destacan varios puntos a tener en cuenta, y este tramo era sin duda uno de ellos… la bajada comenzaba ralentizando el ritmo de manera significativa por sendero bastante inclinado con piedra y tierra resbaladiza, tomando a continuación un tramo de rocas con cadenas donde era conveniente no mirar para abajo.

Una vez superado este pequeño tramo, la bajada continuaba sin desperdicio alguno bajo una constante sucesión de raíces, rocas, árboles, tarteras, etc que me obligaban a mantener la máxima atención, llegando al pequeño pueblo de Aixas a los 40 minutos aproximadamente.

Col de Jovell

A partir de aquí se iniciaba un corto ascenso al col de Jovell para luego posteriormente atacar el último descenso a la Margineda, de iguales características que el anterior, haciéndose muy largo a pesar de ser conocedor de lo que se me presentaba.

Me gustaría destacar el ascenso al Coll de Jovell, el cual es un punto que para muchos corredores pasa desapercibido y el cual supone un desgaste bastante importante. Primero porque su inclinación te obliga a sacar los bastones y caminar a paso lento, y segundo porque estamos en modo “bajada” y cualquier alteración de ese concepto supone un varapalo a tener en cuenta.

Avituallamiento de la Margineda

Sobre las 23.00 y poco llegué al importante avituallamiento de la Margineda en el kilómetro 73, recogiendo rápidamente la bolsa de vida y dirigiéndome a las duchas para ver si conseguía un cambio de aires… gracias a dios así fue.

Recuerdo que la Margineda parecía un campo de guerra completamente desalentador, con varios corredores siendo asistidos por personal médico y podólogos que trabajaban sin descanso, habiendo algunos corredores que entregaban dorsal y otros que abatidos se sumergían en el teléfono móvil con la cabeza gacha.

«Recuerdo que en el pabellón imperaba el silencio, un silencio extraño y familiar».

Son estas las visones que te hacen ver lo dura que es la Ronda dels Cims. Tras reconfortarme con la familia y tomar tres caldos de pollo con pasta y legumbres, me cambié las zapatillas con el objetivo de enfrentarme a la primera noche, uno de los tramos más duros a nivel psicológico.

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Y así fue… SIN DUDA ASÍ FUE.

Tras abandonar la Margineda y atravesar un corto tramo asfaltado, comenzó el duro ascenso por el camino de Costa Seda, donde a través de un sendero por el bosque se salvan unos 600 metros de desnivel positivo en 3 kms…tramo bastante duro y lento pero que con un ritmo regular y acompasado conseguí superar.

Comabella. Km 83 de la Ronda dels Cims

Una vez arriba, el recorrido adoptaba una actitud más calmada con una sucesión de rampas de ascenso y descenso sin dificultad, atravesando el Pueblo de Llumaneres y su famosa cascada, pero haciéndose eterna la llegada al avituallamiento de Comabella en el km 83 de la carrera, lugar donde reposté 2 minutos.

Ante mí y de manera imponente tenía otro de los puntos clave de la ultra, la subida al Pic Negre, con un ascenso de unos 1400 metros de desnivel positivo en 10 kms y con 83 kms recorridos en las piernas… siendo las 04 horas de la madrugada y con bastante frío, añadiendo más si cabe que me encontraba solo sin corredores por la zona.

En este momento de la ultra entró en juego el factor mente… porque siempre nos centramos en el factor físico y los ritmos adecuados para estas carreras, pero la mente ocupa un puesto fundamental en la preparación y aquí sin duda tuve que tirar de ella.

La subida como era de esperar se presentó bastante agresiva desde el principio, con verdaderos muros en el interior de la oscuridad del bosque que me hacían constantemente rechinar los dientes y ralentizar muchísimo el ritmo, adoptando una marcheta acompasada, regular y tranquila y sumergido en mil pensamientos positivos.

Con la familia en la Ronda del Cims 2018
Con la familia en la Ronda dels Cims 2018

Roca de Pimes

Una vez llegado a Naturlandia y a falta de menos de un km para el control de la Roca de Pimes, recuerdo que me sonó el despertador del móvil que había puesto el día anterior a las 05:20 horas… ni en mis mejores pensamientos me hubiera imaginado que escucharía el despertador en este punto de la ultra, suponiéndome una ventana de buen rollo durante varios kms.

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Al llegar al control de la Roca de Pimes, el chico de la organización me informó que todavía quedaban 5 kms de ascenso hasta llegar al Pic Negre, adoptando por lo tanto mi conocido ritmo tranquilo , aislándome a nivel mental de todos los desniveles que tenía a mi alrededor, pero empapándome asimismo de todos los paisajes que ante mí contemplaba.

Pic Negre en la Ronda dels Cims

El ascenso al Pic Negre se me hizo muy largo porque, a pesar de no tener rampas excesivamente duras, cuando parecía que había llegado al final, los bucles de la montaña te jugaban malas pasadas, quedando otro repecho más, y cuando parecía que habías llegado nuevamente, otra vez la misma historia, repitiéndose hasta en cuatro ocasiones, amaneciendo en un lugar idílico para mis sentidos pero angustiado por querer finalizar el ascenso… llevaba prácticamente desde las doce de la noche desde que salí de la Margines en constante ascenso fuerte sin descanso.

Pero finalmente llegué al Pic negre, amaneciendo… presentándose ante mi la famosa cruz azul, Escaldes y el valle de Caulla ante mis pies… con el día las energías recobran vida, el espíritu toma otro nombre…los kms pasan y lo que ayer era viernes hoy es sábado, con todas sus letras y momentos, sus buenos y malos instantes…

«Y os voy a ser sinceros, esta subida me costó mucho, muchísimo… «

La bajada a Caulla la hice a un ritmo bastante lento, intentando que las piernas se acomodasen a las bajadas tras tantas horas de ascenso… alcanzando sin mayor dificultad una bifurcación que conectaba con el circuito de la Mitic, volviendo a tierra conocida, sirviéndome nuevamente como un aliciente para revitalizar mis fuerzas y mi mente.

Llegando al control de Pat Primer sin novedad en un tramo corrible y soleado por los primeros rayos del sol.

Tras fichar en el control, opté por no parar pues tenía un botellero prácticamente lleno de agua, quedando el ascenso al Col del Bou Mort por delante, y luego posteriormente el refugio de Claror que era el avituallamiento del km105 de la ultra… ya iba quedando menos.

Col del Bou Mort

Recuerdo que durante el ascenso al Col del Bou Mort tuve la inmensa fortuna de cruzarme con los líderes de la Mitic, pudiendo coincidir con Óscar Pérez, ganador entre otras pruebas de la Ronda dels Cims y del Tor des Geants, una animalada de 333kms por los alpes italianos. Quedándome alucinado por la gran fortaleza en su manera de ascender, con paso largo y firme, clavando enormemente los bastones, y sobre todo por su talento a la hora de tomar las bajadas, resultando todo un verdadero espectáculo para la vista este corredor, el cual finalizó en tercera posición la Mitic.

La bajada hacia el refugio de Claror la hice sin novedad, resultando cómoda en comparación con lo agresivo de las anteriores… llegando al avituallamiento en una mañana soleada, siendo preciso untarme crema solar factor 50 por el rostro… quién me iba a decir que horas más tardes en este punto tuvieron que suspender la carrera por tormenta eléctrica y fuerte granizada…

Tras abandonar el avituallamiento, el recorrido adoptaba un perfil cómodo, suavemente ondulado, sin tramos técnicos, conduciéndote por la falda de una montaña hasta el estanqu nou, una preciosidad para la vista, llegando sin dificultad al refugio de Perafita donde comenzaba el ascenso al Col de la Maiana, el cual no lo destaco por su dificultad, aunque sí por su otra cara en descenso hacia el valle del Madriu, resultando bastante picado pero corto, hasta finalmente alcanzar el estanq serrer en el km112.

Avituallamiento de Illa. Km 116

Desde este punto hasta el avituallamiento de Illa en el 116 faltaban aproximadamente unos 5 kms sin mucho desnivel positivo, destacándose como un lugar ideal para adelantar posiciones o tiempo… pero nada más lejos de la realidad… me supuso un calvario, un tramo bastante largo a nivel psicológico donde me dio un tremendo pajarón a pesar de lo idílico del lugar.

Pero si algo he aprendido en las Ultras, es que todos y absolutamente todos los momentos, sean buenos o malos, son pasajeros en este tipo de carreras, y a base de apretar dientes y no torturarme con lo que me faltaba para llegar a Illa, conseguí llegar , precisando una pequeña asistencia del fisio para los cuádriceps, así como unos 4 cazos de caldo de pollo aproximadamente.

Tenía previsto llegados a este punto, tomarme un descanso e intentar dormir una media hora, pero la asistencia del fisio y el hecho de comer a conciencia me sirvieron para recuperar las fuerzas y recibir un nuevo soplo, aprovechando otra nueva ventana de buen tiempo bajo el intenso calor de estas horas… aquí también tuvieron que suspender la carrera por el mal tiempo horas más tarde, increíble.

Tras unos metros de ascenso, los caminos de la Ronda dels Cims y la Mitic se separaban, contemplándose imponente el Col de les pessons para los corredores de la Mitic y una secuencial bajada al refugio de Espalvers bordeando el río de la Valcivera para nosotros de la Ronda dels Cims… nada más lejos de la realidad, la subida que nos esperaba a continuación era estremecedora a la par que bella.

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Portella Blanca

Una vez pasado el refugio donde nos ficharon en control, se nos presentaba una subida a la Portella Blanca de unos 500 metros de desnivel positivo en apenas 3 kms, siendo paulatina a medida que se va avanzando hasta volverse bastante agresiva a falta de unos 400 metros para llegar a la Portella, ubicada a 2500 metros de altitud.

Recuerdo que en este punto era conocedor por la información de varios corredores que el Pas de la casa no se encontraba a continuación, ya que quedaba la subida al Col de Ishard. Pero no me imaginaba que dicha subida iba a tener tal carácter, no permitiéndote un instante para el respiro, recibiendo otro mazazo del cual tardé en recuperarme.

Col de Ishards

Ante tales hechos, decidí mantener nuevamente mi ritmo acompasado y regular, el cual paso a paso y suspiro a suspiro me condujeron a la cima del Col donde se podía contemplar una panorámica de postal del Pas de la casa, el km130 de la ultra y la segunda bolsa de vida… mi reloj marcaba las 14.50 horas de la tarde… llevaba un ritmo de ensueño..

Pero la bajada al pueblo se me hizo bastante larga, dándome la sensación que lo tenía a tiro de piedra, con un tramo bastante técnico y resbaladizo al principio y luego serpenteante hasta que una hora después pude llegar al avituallamiento, pudiéndose percibir desde lejos el sonido de los relámpagos de una fuerte tormenta, empezando a llover con muchísima fuerza y a granizar.

En el avituallamiento aproveché para llamar a mi madre con la que me desahogué bastante y quien me dio un toque de fortaleza importantísimo, fundamental para poder acabar la ultra… llegando minutos después todos los amigos y Alejandra… quien me ayudó a ducharme porque estaba literalmente congelado de frío…

Pas de las Vaques

Tras 30 minutos y tras haber comido a conciencia, me dispuse a asaltar el Pas de las Vaques con un gran optimismo a pesar de la lluvia… pero ocurrió algo.

Los miembros de la organización informaron a todos los corredores que por culpa de una tormenta eléctrica que azotaba la zona tenían que neutralizar la ultra hasta que pasase la tormenta, siendo un fuerte varapalo puesto que me encontraba bastante fuerte y animado… teniendo que esperar durante más de dos horas hasta que el tiempo diese algo de tregua..

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Así que sobre las 18.30 horas aproximadamente y en grupo de dos a cuatro corredores, pudimos salir del Pas de la Casa, con fuerte lluvia que le daban un carácter épico a la cosa… si os soy sincero, me molaba muchísimo y no podía evitar sonreir…estas cosas me vuelven loco.

Rebaxant de Maia

Saliendo del pueblo nos dirigimos hacia el Rebaxant de Maia donde a medida que vamos avanzando el desnivel se iba agravando con fuerza, siendo una subida eterna y bastante fuerte hasta el collado ubicado a 2500 metros de altitud aproximadamente. Recuerdo que el paso era lento y el mismo se dificultaba a consecuencia de la lluvia, teniendo los pies completamente empapados.

Antes de llegar a la cima recuerdo que pasamos por varios puntos verticales, destacando el último que era un tramo por una escalera de nieve asegurado con una cuerda fija, teniendo los huevos de corbata porque resbalar significaba caer hacia el abismo, y esto no era broma.

Finalmente una vez pasado el control en la cumbre, los caminos de la Mitic y de la Ronda dels Cims se volvían a cruzar, observando a un montón de corredores con el dorsal amarillo que animados se dirigían por el tramo llano al Pas de las Vaques.

A continuación la bajada la tomé con un poco más de energía, resultando rápida y llevadera, saltando de roca en roca hasta llegar al avituallamiento de Incles sin mucha novedad que destacar.

Incles

Pero como decía anteriormente, cuando preparé esta carrera en casa y estudié minuciosamente el perfil, marqué muchos puntos a tener en cuenta y este tramo lo tenía en círculo rojo y marcado a fuego… el ascenso a la Cresta de la Cabana Sorda desde Incles.

Si recuerdo alguna subida fuerte en todas las carreras que a lo largo de mi vida he hecho, sin duda alguna la subida a la Cresta a la Cabana Sorda la destaco como una animalada de la naturaleza, algo ideado de manera maquiavélica por Gerad Martínez para hacernos ver que la Andorra Ultra Trail no es una carrera normal, algo extraordinario que marca la diferencia con cualquier otra carrera que se haya hecho… una subida durísima por el momento en la que se presenta… una subida sublime que afila el carácter de ultrafondista y corredor…

La subida como todas la inicié sin novedad que destacar, de manera acompasada, casi sin darme cuenta, acostumbrado al ritmo regular que he mantenido durante todas estas horas.

Pero tras sortear un par de kilómetros y echar un precioso vistazo en las alturas al avituallamiento de Incles, el perfil adoptó un carácter más agresivo hasta que alcanzamos el refugio de Cabana Sorda.

A partir de aquí comienza la fiesta

Desde la distancia pude observar un sendero con fuerte inclinación repleta de las luces de los frontales de los corredores, volviéndose un camino serpenteado que alcanzaba la locura por lo vertical que se presentaba.

La mente tomó protagonismo de nuevo, hasta que finalmente dejé atrás el sendero, tomando un tramo sin camino muy agresivo.

Desde este punto se vislumbraba una luz azul acompañada por otra anaranjada parpadeante que desde la distancia parecían estrellas en el firmamento, algo lejano y que unido a lo vertical del terreno hacían que pareciera una broma o una locura este punto.

Cresta de la Cabana Sorda

De igual manera que siempre y paso a paso, pude superar todos los metros de distancia que separaban los sueños de los límites que sin darnos cuenta marcamos en nuestras vidas… en mi mente solo tenía una cosa, llegar a la cumbre, terminar y volver a casa con mi familia… tras varios minutos que me exprimieron al máximo conseguí llegar a la cresta de la Cabana Sorda… mis demonios habían quedado atrás, dos años esperando a enfrentarme a esta montaña y nuevamente lo había conseguido, con mucho sufrimiento pero lo había conseguido… en el silencio de la noche y entre lárgrimas me lancé entre neveros y deshielo hacia el con de jams.

Tras varios minutos de descenso entre bloques de hielo y riachuelos, a consecuencia del cansancio tuve un resbalón al cruzar un río con tan mala fortuna que mi espinilla chocó con una laja , provocándome un agujero bajo la rodilla que chorreaba bastante sangre… teniendo que pararme para hacerme un strapping de urgencia y poder continuar… más tarde al día siguiente me informaron que dicha herida precisaba de cuatro puntos de sutura…

Al llega al avituallamiento decidí tomarme un pequeño respiro y tomarme otro caldo caliente, esta vez con calma, parando unos diez minutos cogiendo algo de calor. mis malas pasadas me costaron una fuerte herida en la pierna y tenía que calmar mi ímpetu y tomar esta última subida de manera serena y centrada.

Tras dicho tiempo y bajo una leve pátina de lluvia y frío que envolvía el ambiente, tomé la última subida con fuerza y optimismo, en mi mente tenía todas las horas de entrenamiento y soledad en el monte gurugú, mi familia, mis amigos, mi tierra… no me sentía solo y eso reconfortaba mi espíritu.

Col de Meners de La Ronda dels Cims

La subida al Col de Meners la recuerdo psicológicamente dura, destacando en la misma que tuvimos que bordear varios neveros que por la inclinación y el riesgo a resbalar suponían un verdadero peligro… tras algo más de una hora conseguí sumar los ansiados y temidos 13,500 positivos de la Ronda dels Cims, conseguí llegar al Col de Meners, abrazándome a sus palos de contención como manda mi tradición.

Llegar a este punto es inexplicable… sumar 13.500 metros de desnivel positivo es inexplicable… la soledad y el silencio, el frío y la noche… fueron testigos de ese momento que me guardo para mí…

Sortein

Solo me separaban 18 kms hasta Ordino, siendo de bajada todo este tramo, llegando sin dificultad hasta Sortein, último avituallamiento y curiosamente también el primero.

Ya palpando mi objetivo con las manos y siendo conocedor del recorrido que a continuación me esperaba, decidí parar en Sortein y disfrutar de este avituallamiento, tomando nuevamente un caldo de pollo, observando entristecido como una corredora de la Mitic sufría una fuerte hipotermia inconsolable, temblando a pesar de estar cubierta por varias mantas y atendidas por todo el personal del avituallamiento… una imagen estremecedora.

Tras abandonar el avituallamiento se tomaba una pista ancha que tras un kilómetro desembocaba en un sendero bastante roto con mucho salto de piedra, alejándome poco a poco de la magia de la alta montaña para ir adentrándome en el asfalto y varios pueblos, hasta que finalmente y casi sin darme cuenta cumplí también con todo el desnivel negativo de la ultra, 13500… se dice pronto.

El camino del Ferro a trote lento y con la cabeza sumergida en mil historias es simplemente un mero trámite de la ultra hasta que finalmente pude escuchar la voz de Xavi que me llamaba en la última rotonda antes de Ordino, a falta de 500 metros para la llegada… recuerdo que me abracé tanto a él… era tan increíble todo… se me pone la carne de gallina.

«Me caso» en la Ronda dels Cims

A partir de aquí y a falta de no más de 600 metros para la llegada a meta, decidí caminar despacio, sin prisas, disfrutando cada último metro que me faltaba, abrazándome a Alejandra quien se adelantó para acompañarme en este último tramo… un momento que nunca jamás olvidaremos puesto que aquí le pedí que se casase conmigo… (aceptó).

Ya casi en el pueblo toda mi familia de Andorra me estaba esperando, no sé qué hora era… pero recuerdo que desapareció el frío… me abracé a Miquel, a Meri, cogí el cochecito con mi pequeñita Valeria durmiendo y crucé la meta… lo había conseguido.

«A mi familia de Andorra y mi Alejandra y mi hija… quienes estuvieron en cada avituallamiento animándome y atendiéndome independientemente de las horas y el tiempo«

A mi madre y mis hermanos.

Finalmente conseguí terminar en 44:26 horas, quedando en el puesto 43 de la clasificación general. Un detalle que sinceramente me da igual. De 425 corredores solo pudieron terminar 83. Unos números que hablan por sí solos por la dureza de la prueba.

¡¡NO SEREMOS LOS MEJORES, PERO ENTRE TODOS SOMOS LOS MÁS MOLONES!!

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