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Trail Running España

Crónica «Maratón Montaña Cuenca (MAMOCU) 2019» (II)

16/04/2019
Mamocu (II) - Principal
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La primera maratón de montaña de Ernesto Rando. La Maratón de Montaña de Cuenca. Crónica donde nos vuelve a transmitir de nuevo todas las vivencias y sensaciones que un corredor de montaña puede llegar a tener en una carrera de estas características.

– Estás loco, es increíble, ¿Cuántos km?, ¿tardaste qué? !no me lo puedo creer!. ¿Tío eres de otro planeta?

– No, !no somos de otro planeta!. Somos tan normales como el resto. Pero con una afición a un deporte que muchos no llegan a entender.

Siento pasión. Una pasión que no puedo explicar. Me hace sentir bien, activa mi mente, y pone a tope mi cuerpo, con la única valía de uno mismo. La mente y el cuerpo al unisonó, tienen que compenetrarse, esfuerzo, estrategia.

Es un deporte en el que te puedes sentir solo entre miles de personas. Tu mente te aísla, más, un poco más. El cuerpo no puede, pero la mente te empuja.

Simplemente con esta pequeña introducción puedes entender la fuerza que me ofrece este deporte. ¿Quizás por esto mi pasión por el?, sigo sin saberlo, y lo mejor es que creo que no me importa saberlo.

Sábado

Sigo con la Crónica de la Maratón de Montaña de Cuenca 2019. El sábado a las 8:00h de la mañana suena la alarma del móvil. Hace un rato que estoy en ese rico duermevela recordando aquel día de diciembre que me inscribí para la edición del 2019 de la Maratón de Montaña de Cuenca. Hace de esto ya tres meses, me acurruco un poco más. Me quedo un poco más en la cama, estoy despierto, pero con el regusto del calorcillo de la cama acompañado de mis pensamientos.

Es mi primer objetivo del año, entrené para estar preparado, ese día de diciembre miraba el calendario y pensaba ¡Uf aún queda tiempo! pero el tiempo pasó. Entrené a conciencia, afronto tranquilo mi primer reto, estoy expectante. Tengo que poner la mente y el cuerpo a competir para saber en qué punto exacto me encuentro. Es la soledad del aficionado, sin equipo técnico y físico que nos ayude, que nos anime.

Buenos días Maratón de Montaña de Cuenca

¡Vamos Ernesto, no hagas pereza me digo a mí mismo¡. Me levanto y ya en la ducha pienso en esta última semana, ¡joder con la semanita!, la semana que más tranquilo tienes que estar y ¡zas, gastroenteritis al canto!, no es posible, pero ¿Por qué tiene que ser en esta semana?, ¡!!!San Murphyyyyyyyy existe¡¡¡¡¡. Seguro que este canalla os jugó alguna treta, menos mal que desde hace dos días ya estoy mucho mejor y espero recuperarme al máximo posible.

Y ahora a disfrutar del mejor equipo que se puede tener. Bajo las escaleras, me siento bien, bajo trotando y siento que mis piernas están fuertes. Hay bullicio en la cocina, hay vida ¡Cayetano, Carmela a desayunar, dejar a Trail tranquilo.

Escucho a Vanessa mi mujer intentando poner orden en esta mañana de sábado. Estoy en la puerta los miro y me siento feliz. Hasta que mi perro Trail se abalanza sobre mí y poniéndose a dos patas me hacer tambalearme, ¡no Trail, no, hoy no vamos a correr!

De camino

Después de pasar una mañana tranquilo, comimos y nos pusimos de camino. Mi mujer Vanessa me acompañaba, esta vez los niños no vendrían, ellos son mis mejores seguidores, pero esta vez no nos acompañarían.

A media tarde apareció Cuenca ante nosotros. Sentí un pellizco de emoción en el estómago. Vanessa al mismo tiempo me miro, ella sabe muy bien lo que esto significa para mí.

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Poco después dejamos las maletas en el hotel y nos encaminamos al centro comercial donde tenía que acreditarme y recoger el dorsal. Lo mire, 236 ¿qué te parece? le pregunte a mi mujer y ella mirándome respondió divertida, ¿espero que este no sea el puesto que quedes, espero más de ti?

Con amigos

No pasó mucho tiempo para comenzar a ver caras conocidas. Entre ellos a parte del equipo PIRINEOS TOLEDANOS. Junto a ellos entre saludos y risas nos encaminamos a recoger “la bolsa del corredor” y a la charla informativa de la organización donde como novedad anunciaron cambios en el recorrido.

En ese momento pensé, que, si tenía buena pinta seguro que lo habrían mejorado, y así fue nos enchufaron lo que denominare como “zasca final”.

Terminamos entre risas tomando unas cervecitas, hablando de la locura que nos rodeaba, anécdotas, experiencias y sobre todo de la carrera del día siguiente. Todos somos protagonistas, somos viejos o nuevos conocidos, disfrutamos de nuestra compañía,  al día siguiente unos más que otros sacaran su vena competitiva.

No hay objetivo mejor que el de disfrutar. El mayor éxito es el estar allí. No hay mejor ganador que uno mismo aunque no lleguemos a la meta.

La Maratón de Montaña de Cuenca

Suena la alarma del móvil. Pero ya no hago pereza como en la mañana del sábado, me levanto de un salto, siento mariposas en el estómago, pero estoy tranquilo. Descansé fantásticamente, de un tirón. Un auto chequeo rápido, estoy perfecto, no me duele nada, la tripa perfecta espero que hoy Murphy ponga su interés sobre otro. Comienzo a prepararme, desayuno y ahora si toca baño (al menos no lo necesitare en carrera), todo normal, todo controlado.

Me despido de mi mujer que disfruta de unas pocas horas más de sueño (luego nos veremos en la meta). Marcho camino de la salida, es un paseo agradable está a 800m, se vive el ambiente, todos vamos en la misma dirección en grupo o solos, ya vamos metalizados, siento el fresco de la mañana  en la cara, decido ir trotando, no quiero enfriarme, me encuentro a David ,Tomas y Jacob,  compañeros del club CANOBLES.

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Les saludo quedamos en vernos más tarde, llego a la línea de salida y veo que frente a esta hay una cafetería y está abierta.

La mañana está más fresca de lo que me imaginaba. Es buena para correr pero ahora lo que necesito es un café y entrar un poco más en calor. Decido entrar, buen ambiente de corredores y curiosos, tiene algo de festivo, charlas, risas, encuentros y reencuentros, olor a café.

Han pasado un par de minutos y entra Felipe compañero del club PIRINEOS TOLEDANOS, se pide un café y comentamos los últimos detalles. Apuramos al máximo, pero ya hay que dirigirse hacia la salida. Solo quedan apenas 10 minutos, 10 minutos, para comenzar mi primer reto del año 2019.

Mas caras conocidas, son Alberto, José, Rafa y Josué, ¡mucha suerte!, ¡también a ti¡. Nos movemos, no podemos parar, esta fresquita la mañana. Miramos hacia el frente, vemos el espacio vacío frente a nosotros, no nos fijamos en la hermosa Cuenca, los arboles aun desnudos, algo de público, suena la música de rock a todo volumen, ¡esto va a arrancar!

Puntual, tomamos la salida 320 valientes, por delante 44km. Con 5.000m acumulados, cada cual, con su objetivo, pero todos con algo en común ILUSION y PASION.

Salida de la Maratón de Montaña de Cuenca

Hay que tener cuidado, estamos muy agrupados. Al salir buscamos una posición cómoda. Tengo que tener cuidado con los involuntarios y clásicos  empujones, traspiés, pisotones y codazos. En esta ocasión solo han sido pequeños roces. Yo creo que no propine ninguno, aunque realmente de los que te das cuenta son los que recibes. Los otros te molestan menos. Consigo mi posición rápidamente. Para comenzar a calentar a entrar en la carrera me situó por el medio. La guerra está en los primeros puestos, yo no aspiro a tanto.

Salimos del parque de los Moralejos, entramos en la ciudad callejeando sin dificultad. LLegan las primeras subidas, desciendo el ritmo, me encuentro con un pequeño tapón que rápidamente se deshace. La carrera comienza a estirarse otra vez, no me importa este cambio de ritmo involuntario. LLevamos poco de carrera, no es lo mismo cuando vas más cansado. Sigo subiendo, me siento cómodo, estoy fresco, pleno en la carrera ¡entre en ella!, me acuerdo de mi mujer ¿se habrá levantado ya?

Una buena mañana

El día está despejado luce el sol, eso le permitirá disfrutar unas hora de la ciudad, yo con mi reto, ¡joder!. Hace una semana cuando estaba tan mal de la tripa, veía casi imposible estar hoy aquí, pero ya me veis dándole a la zapatilla. Queda mucha carrera y la mente aun esta relajada, puedo hasta incluso desviar mi atención y dejar volar mis pensamientos. Aun no me exige concentración absoluta, queda mucha carrera y no desgasto fuerzas innecesariamente.

Una bajada rápida por un sendero. Que bonito es esto, puedo darle “lija fina”, pero voy con muchas precauciones. El terreno está muy seco y hay piedras sueltas, si piso donde no debo, patinazo, derrape y posibles torceduras. Es mejor bajar el ritmo para ver donde pongo cada pisada, ya recuperare el tiempo en un terreno más propicio.

Me concentro en las piernas, sobre todo en las rodillas y tobillos. Los noto de primera, ninguna molestia. Me recoloco la mochila, me pongo la visera de la gorra hacia atrás ya que me impide un poco la visión, así voy más cómodo. LLevo la imagen que a mis hijos les gusta, ¡papa pareces un deportista como los que se ven en la TV, que chulo!

Km 6. El primer avituallamiento, llevo de todo, paso de largo.

Poco a poco la carrera se va estirando y te vas sintiendo mas solo. Corres con el grupo, pero este cada vez se dispersa más. Cada vez somos menos hasta que solo seamos mi mente y yo. Ahora aun puedo disfrutar plenamente del llaneo cómodo junto al rio. Es la primera vez que lo cruzamos, para continuar paralelo a él ¡qué bonito!, en primavera tiene que estar precioso.

Una vez finalizada la carrera lo recordaré como uno de los entornos  más bonitos por los que pasamos. Llanear permite soltar un poco los músculos dejo caer los brazos y aprovecho con pequeños giros relajar las cervicales. Las lumbares van perfectas, cruzo en repeticiones los brazos delante del pecho, descargo los hombros, sin dejar de disfrutar del rio, los árboles. El sol de esta fría mañana de invierno, una temperatura ideal para correr.

El frío ya no se nota, se agradece en la cara, suave, suave, ¡hey!. Saludo a corredores conocidos, levantando el brazo, les paso. Ya no es el momento de mantener ningún ritmo que no sea el tuyo. Esto te puede traer consecuencias más adelante, prefiero mantener el mío y dosificarme. Me entrené para esto, y de pronto me enfrento a la primera subida dura del recorrido.

Las Antenas. La gran pared de la Maratón de Montaña de Cuenca

La encaro tranquilo, adapto mi respiración, controlo las pulsaciones, tengo fuerza, izda. dcha., izda. dcha.

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Apoyo la puntera con cada pisada y me impulso hacia arriba. No mirar la cumbre, concentrado en las pisadas, miradas cortas hacia arriba para ver como está el camino, ¡está bien!

Bajo la mirada otra vez, izda. dcha. escucho mi respiración, mejor dicho mis resoplidos ¡uf, uf! como si fuera un timbal me marcan el ritmo.

A partir de esta primera subida, comienza la carrera dura, comenzaré a escuchar mi cuerpo, mis pisadas, mi respiración. Se me hizo corta, la coroné rápidamente, las vistas son espectaculares.

Las vistas son espectaculares. Solo son un par de minutos pero, ayudan a relajar el cuerpo, en la contemplación te apaciguas. Disfrutas de tu recompensa si dejar de trotar, despacito pero sin parar, saltitos cortos, que maravillosas vistas, soltando piernas, precioso, soltando brazos, espectacular.

¿Con esfuerzo todo nos parece mejor?, esto me lo pregunto ahora sentado, repasando mis notas, en la carrera los disfruto sin análisis, ni reflexión, plenamente, naturalmente.

Continuo

Sigo con mi trotecillo como el resto de los corredores, hasta que de pronto, de inmediato nos encontramos con una bajada. Cambio de ritmo, llevo aun en mi cabeza las imágenes maravillosas que acabo de contemplar cuando ¡zas, toma realidad! Patinazo y culetazo, ¡que daño¡. Ya no veo vistas increíbles siento dolor. Me levanto de un salto, miro a la zona donde me caí con cara de pocos amigos como si ella tuviera la culpa. Respondo a los corredores que pasan junto a mí y me preguntan cómo estoy , ¡nada, nada, sin problemas, estoy bien, esta arenilla tonta¡

Hay que quitarle importancia aunque por dentro siento un poco de rabia y vergüenza. Pero la culpa solo ha sido mía por no prestar el máximo de atención, los accidentes suceden en estas situaciones.

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Nuevo chequeo rápido, solo me duele la zona donde me di el golpe, dolor leve. Creo que no tendrá ninguna importancia, a los 5 minutos ya ni lo siento. Quedará en la mochila de los recuerdos y anécdotas para contarlo a familiares y amigos.

Km. 12. Segundo avituallamiento, al final de otra subida, en este si paro, tomo agua y un gel.

La Maratón de Montaña de Cuenca prosigue por constantes subidas y bajadas, es lo que a mí me gusta. La zona sigue siendo preciosa, en este tipo de terreno me encuentro cada vez mejor, voy adelantando a corredores conocidos, les paso sin proponérmelo.

Simplemente porque mi cuerpo y mi cabeza están en perfecta armonía y van disfrutando el uno del otro permitiéndome mantener un ritmo adecuado.

Me acuerdo de mi perro Trail, le estoy adiestrando para correr conmigo. Por el momento hacemos recorridos cortos. Tiene año y medio, Labrador y demasiado vigor, pero con paciencia lo conseguiremos, ¿le gustara correr?, a los perros no se lo preguntamos, lo hacemos y creemos que ellos disfrutan haciéndolo. No sé, no sé, una cosa es correr y otra las carreras locas que hago yo. Si el me pudiera preguntar quizás su pregunta seria ¿porque?, y retomaríamos la parte inicial de mi relato, no sabría explicarlo pero me gusta.

En este subir y bajar corremos durante 10km. Nos vamos acercando a Cuenca. Cada vez más cerca, cada vez más nítida, las piernas van endureciéndose por el esfuerzo, más pesadas, bajo la intensidad, tranquilizo la respiración. Otro pequeño chequeo, tomo las pulsaciones. Todo dentro de lo esperado, levanto la vista y de golpe, delante de mí esta Cuenca y sus casas colgantes. Estoy a pocos metros de entrar en el puente San Pablo, se amortigua el cansancio.

Km. 22. Una de las vistas más extraordinarias de Cuenca esta frente a mí, sencilla, hermosa, peculiar y genuina.

Es el Km. 22 y entro en el puente San Pablo. Me siento bien, puente de hierro y piso de madera, a cada zancada siento su movimiento, su quejido, pero no me preocupo es robusto.

 Puente San Pablo (Cuenca)
Puente San Pablo (Cuenca) – Maratón de Montaña de Cuenca

Cuenca de frente, yo sobre el puente que me eleva sobre la hoz del Huecar, un cielo claro de un azul intenso recorrido por grupos de nueves blancas como la nieve, a la izquierda las singulares casas colgantes,  pienso de inmediato “estos debían estar igual de locos que yo”.

De pronto escucho a mi alrededor aplausos, voces de aliento, levanto más la cabeza y sonrió, sonrió y la gente que nos está viendo, nos está alentando, con sus ánimos nos llevan un poquito más y mejor, una sonrisa es la manera que tengo de agradecer su ánimo “no hay gesto más bonito”, no hay estampa más maravillosa, me quedará en el recuerdo como una de las  parte más impresionante de la carrera, ¿o será la mejor de la carrera?.

Km. 24 Avituallamiento, paro apenas unos minutos, para comer y beber tranquilo.

Son las 10:30 de la mañana, estamos a las afueras de la ciudad. Me acuerdo de mis chicos, Cayetano con 10 años y Carmela de 8 años, los dos corren y compiten. Estoy muy orgulloso de ellos, los dos ganan trofeos, el chico siente vergüenza y le cuesta recogerlos, Carmela es otra cosa.

Me encuentro cómodo, recuperé fuerzas. Estoy rodeado de compañeros, unos en solitario como yo miran el entorno, otros charlan entre sí. Todos sabemos que la parte que queda es la que más nos va a exigir físicamente y sobre todo mentalmente.

Alzo la mano y saludo a los conocidos. Tomo el resto de lo que queda de gel, suelto pierna en el sitio sin trotar solo lanzo patadas sin fuerza. Saludo levantando el mentón a otros conocidos que acaban de llegar, ¿Cómo vais?. ¡bien, bien!, ¿y tú?. Por ahora controlando, me siento bien, bueno os dejo voy a seguir. Doy el ultimo trago de agua, me enjuago la boca y la escupo, cierro la botella, la guardo y con un trote suave me meto otra vez en la carrera.

Me encuentro cómodo y salgo con fuerza. Sé que tengo que hacer la parte más técnica de la carrera, las subidas y las bajadas se suceden. El terreno es más abrupto, igual de espectacular.

El entorno siempre te ayuda, te anima a continuar, te distrae, su contemplación te administra pequeñas dosis de oxígeno y energía, sigo adelantando  corredores, también me adelantan a mí, la carrera aun está viva, no está todo decidido, las verdaderas cribas se harán más adelante cuando ya el cuerpo no responda o la cabeza se resista a continuar, sabre si voy bien por los compañeros que vaya dejando atrás.

Km. 32. Nuevo avituallamiento paro, como y bebo tranquilo. Misma situación, misma imagen que en anteriores puestos

Coincido con casi los mismos corredores, aunque veo caras nuevas, caras que yo juraría iban más adelante. No me cruce nunca con ellos y tampoco les recuerdo adelantándome, se va notando el cansancio en las caras, se habla menos.

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La vista ya no recorre el paisaje se queda más corta. Si pudiera entrar dentro del pensamiento de los que están con migo en esta parada creo que con toda seguridad no encontraría ningún pensamiento que les incitara al abandono.

Estamos cansados pero con ganas de continuar. Me repaso las ataduras de las zapatillas, me coloco bien la mochila, me quito la gorra y me echo un poco de agua sobre la cabeza. Posiblemente no haga excesivo calor pero yo lo tengo, me pongo la gorra, antes de ponerme las gafas de espejo. Con la mano la coloco de forma que me refleje en ellas y mirándome, pienso ¡vamos tío!, a esto es a lo que viniste, disfrútalo, me las ajusto nuevamente.

Estiro los gemelos unos segundos y comienzo a trotar suave, pero con determinación. Sube, baja, sube, baja, cruzamos el rio Júcar, comienzo a acusar el cansancio, las piernas me pesan y los km. se hacen largos.

Siento que estoy en un momento difícil, intento animarme, ¡vamos ya!, ¡esto es un momento!

La respiración no quiere seguir el ritmo de mi zancadas. Los brazos en su vaivén no me impulsan lo necesario. Siento que los hombros se cargan y la cabeza fuerza su movimiento izda. dcha.

Km. 35. Es imposible subir trotando cualquier repecho

Tomo un gel y una pastilla de sales. Me pongo a caminar, creo que me está pasando factura la gastroenteritis de la semana pasada.

Perdí muchas sales que no se pueden recuperar con una ingestión puntual como la que estoy haciendo. Sigo tranquilo esperando la recuperación, estoy bien de ánimos, esto es normal. Sé que recuperaré, no pasa nada, las piernas siguen cansadas pero se van soltando un poco. No pasa nada, nada, nada…llego al siguiente avituallamiento.

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Km. 38. Un oasis en el desierto

Un oasis en el desierto. Como de casi todo de lo que hay, tengo que recuperarme. Cargo agua isotónica, no observo a nadie a mi alrededor. Estoy concentrado, doy pequeñas patadas para soltar pierna, hago estiramientos. Relajo hombros y cervicales, me voy sintiendo mejor, recupero fuerzas, no paro de moverme, no quiero enfriarme.

Siento una cachetada en el hombro, ¿Qué pasa tío, como estas?. No le conozco pero es agradable que te pregunten. Te pasé hace un km. y te vi jodido, ahora te veo mejor. Era maduro, tendría unos 60 años, fibrado y moreno de mucho campo.

Sí, tuve un ratillo fastidiado, pero ya me encuentro mejor,  ahora a seguir, que ya no queda nada, nos dimos un golpecillo en el hombro y nos despedimos, muchas suerte y ánimo, lo mismo te deseo, no nos volvimos a ver. Ni tan siquiera nos presentamos pero sabemos que los deseos son sinceros que esto es un deporte individual que te incita al compañerismo.

Salgo trotando suave, he recuperado. Bajamos por una senda muy cómoda, suelto brazos, esto siempre me ayuda a relajarme, voy con fuerzas, parece que recupere

Paso el cartel del km. 40, llego al último avituallamiento.

Km. 41. Último avituallamiento

Último avituallamiento, me siento con fuerzas, recupere bien, llevo agua y queda muy poco para la meta, apenas 3km., decido no parar, paso de largo.

Voy adelantando corredores. Creo que voy bien de tiempo, siento que mi primer reto del año puede ser mejor de lo que esperaba. Pero hasta que no llegue a la meta no lo sabré.

Los últimos kilómetros en estas carreras pueden convertirse en un infierno. Parece que esta no se me complicara, debo ser más cauto, y no pensar que todo está hecho. Pero voy bien, las piernas están duras pero responden a la perfección. Estoy bien hidratado, tome sales y están haciendo su efecto. Sigo adelantando a corredores. Cuando la cabeza y el cuerpo van de la mano no hay problemas, no debe haber problemas. El camino gira a la derecha, voy muy bien, me siento bien, y aparece un cerro. Un cerro que a mí de golpe me pareció el Everest.

Respiro profundo, ¡vaya tela!, ¡joder!. Pero esto es un Trail y aquí no todo es previsible. Aquí se sufre hasta el último momento. Nada esta echo ni terminado, hay que sacar fuerzas, comienza la lucha con la mente.

Esto es Trail Running

La cabeza se impresiona y manda al cuerpo un mensaje de alerta. Este ya está cansado y necesita estímulos para descansar. Pero tienes que convencer a la cabeza, tienes que decirle que este obstáculo lo puedes salvar. Con esfuerzo pero lo puedes salvar, aprietas los dientes, cierras los puños, y si te ayuda sueltas todos los tacos posibles.

Pones la locomotora al máximo de revoluciones y tiras para arriba. Esto es lo que es, esto es lo que te gusta. Si no te dedicarías a otro deporte, esto es lo que lo hace diferente lo que hace exclamar al resto ¡estáis locos!.

Subo despacio, me siento justo de fuerzas. Pero puedo con ello. Voy mirando bien por donde piso, no puedo tener ningún traspiés. Cualquier movimiento descontrolado es un gasto de energía, cualquier firme resbaladizo es un problema.

Las fuerzas no se pueden desperdiciar, uno, dos, uno , dos. Voy cansado pero no quiero perder el ritmo, me animo mentalmente, uno, dos, uno, dos. Agacho la cabeza no quiero tropezar, aprieto los puños. No pienso en las piernas, las lumbares las llevo rígidas, la espalda tensa, uno, dos, uno, dos, uno, dos. ¡ahora no!, ¡no puede ser!, ¡que dolor¡, ¡aaaahhhh!, el gemelo izquierdo se contrae, ¡calambrazo!, no puedo seguir, paro, busco las sales y el agua isotónica, me lo tomo, siento alivio en el gemelo, decido continuar.

Poco a poco

Voy despacio, con paso  firme, aun siento dolor, a cada paso el dolor va remitiendo hasta que se convierte en un resto, un recuerdo del punzante mordisco, unos metros más y desaparece, un  poco más y por fin  llego arriba.

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Pero en esta carrera no se descansa, no da tiempo a lamentarse, cada tramo es una nueva experiencia, cada vuelta en el camino es una sorpresa, sin casi recuperarnos aparece una bajada, voy  rápido, tengo ganas de llegar, queda poco, estamos terminando, me concentro en la bajada, no pierdo de vista el camino, escucho un ruido, instintivamente levanto la cabeza y veo desequilibrarse al corredor que va delante de mí, tengo que frenar, no hay problema, recupera el equilibrio, pero parece que se resiente un poco del tobillo derecho, las zancadas son desordenadas.

¿Cómo estás?, bien, no te preocupes, no es nada, ya casi va andando, tendrá que ralentizar el ritmo, le rebaso, vamos cansados, el cuerpo va al límite, la mente solo piensa en llegar, cualquier  percance por pequeño que sea puede ser fatídico, el cuerpo no reacciona está cansado, los reflejos fallan, la respiración pesa.

¿Quién ha puesto aquí esta pared?

Últimas cuestas de la Maratón de Montaña de Cuenca
Últimas cuestas de la Maratón de Montaña de Cuenca

Tengo un momento de aturdimiento, ¿Cómo es posible?. Inspiro profundamente y suelto el aire de golpe, vuelvo a tomar aire. El pecho se ensancha, quiere más espacio, las fuerzas me flaquean, soy un bloque de hormigón. Miro hacia arriba y me quedo absorto, no sé si llorar o reír, me ajusto las gafas. Miro el reloj, cabeceo de izquierda a derecha en un claro movimiento de negación.

No cumpliré mi objetivo de bajar de las 6 horas, es imposible, miro otra vez la cuesta pronunciada, infinita, veo a corredores subiendo, ellos también están sufriendo como yo, me imagino a los que van detrás de mí, pienso en lo que les queda por recorrer, miro otra vez, enfoco la mirada y  me fijo en una mancha roja en movimiento, esta coronando la cumbre, ahora una verde, detrás una amarilla, agacho la cabeza, aprieto los puños, inspiro profundamente llenándome los pulmones, espiro expulsando el aire con rabia un par de veces más y comienzo la subida.

Me encuentro en un  momento decisivo de la carrera, no llegue hasta aquí para tirar la toalla tan cerca de la meta, esto es lo que hace que este deporte sea extraordinario, la lucha del cuerpo y mente, el control del momento, eres tu propio amigo, eres tú peor enemigo, dos en uno, uno en dos.

Las zapatillas muerden el terreno con rabia, se clavan con cada pisada. Las piernas son pura energía y tesón, no soy de aire, no soy de agua, soy de fuego, soy tierra.

Momentos claves

No sé a quién adelanto, no distingo, quien me adelanta, mantengo la cabeza gacha, las mandíbulas en tensión, los brazos rígidos se balancean,  me ayudan a no perder el equilibrio, son las alas que me llevaran hasta la cumbre.

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A veces distingo solo el color de las camisetas, otras el ruido de las pisadas, su respiración, mi respiración, no es momento de hablar, no miramos el paisaje, no lo observamos ahora  somos parte de él, nos fundimos con él, ¡qué bien me vendría un palo para poder apoyarme, para ayudarme a subir¡

Pienso tontamente, levanto la cabeza y “zasca final” solo estoy a dos pasos de culminar. De pronto mi cuerpo se descarga de su gran peso, veo otra vez Cuenca. Todo se encaja nuevamente, estoy agotado, escucho a lo lejos al speaker. No queda nada, solo un poco más, miro a mi alrededor vuelvo a observar.

La tierra me suelta, vuelvo a ser aire, agua. Ahora no somos los corredores del comienzo, aquellos de zancadas ágiles y elegantes. Ahora vamos destartalados, unos trotando, otros andando. Allí uno cojeando, dos agarrados del hombro. Venimos de batallar con nosotros mismos, volvemos con los laureles de haber terminado.

Llegando a meta de la Maratón de Montaña de Cuenca

Cruzamos por última vez sobre el rio Júcar, por una pasarela, sus aguas turquesas son testigo de esta maravillosa locura, ¿Dónde irán estos zumbaos?

Último puente para llegar a la meta de la Maratón de Montaña de Cuenca
Último puente de la Maratón de Montaña de Cuenca

Seguro que se pregunta, la carrera va rota, compartimos espacio con los transeúntes, es raro, voy distraído y de pronto escucho un ¡chiss, chiss! Es el fotógrafo de la carrera, levanto los dedos índices hacia arriba, me preparo para la foto, saco la lengua, en señal de agotamiento.

Adelanto a dos corredores, mejor dos andadores, voy solo, veo la meta al fondo, al speaker se le escucha  más cerca, retumba en la placida mañana de domingo, algún vecino se quejará, llegan las primeras vallas con las cintas de “no pasar”, voy solo, queda poco público, pero el suficiente para seguir animando, ¡vamos queda poco!, algunos aplausos, niños jugando, esperando.

El subidón

Echo de menos a mis chicos, ¡vamos campeón!, ¡vamos campeón!, me duele el gemelo, me cuesta levantar los pies del suelo, intento llevar un estilo digno, ¡VAMOS CAMPEÓN¡ lo escucho más cerca,  busco entre el público, reconozco la voz, sonrió , la veo, sonrió abiertamente, con una sonrisa amplia, grande, levanta los brazos  me apunta con su teléfono, recompongo mi imagen, intento desprenderme de todo signo de cansancio, me preparo para ella, la miro solo a ella, voy solo, atravieso la meta solo

Meta de la Maratón de Montaña de Cuenca
Meta de la Maratón de Montaña de Cuenca

Estoy con ella, la abrazo, nos besamos, ¿Cómo te encuentras campeón?, bien, bien, es la persona que más quiero en el mundo, MI MUJER.

Gracias Cuenca.

Gracias Maratón de Montaña de Cuenca, ¡volveré!

Tiempo final: 6h:14´

Posición general: 96

Posición Cat: 67

¡¡NO SEREMOS LOS MEJORES, PERO ENTRE TODOS SOMOS LOS MÁS MOLONES!!

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