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Trail Running España

Coqueteando con la autosuficiencia

31/07/2020
Amanecer desde el Cerro Carril

Nuevamente nos escribe Julián Chaves para contarnos una crónica de una ruta que realizó por montaña en régimen de autosuficiencia en la zona de Mira (Cuenca). Nos lo cuenta Julián en detalle.

Con todo organizado…

El que escribe, osea yo (el de la autosuficiencia), soy bastante organizado (para lo que quiero según mi señora..), ya tenía a finales del año pasado un calendario perfecto de montañas, kilómetros y carreras.

La idea era comenzar en marzo en la Maratón de la Calderona y tejer una primavera y un verano de altura con la Perimetral de Javalambre el 6 de Junio (26K +2450) , Trail Vielha- Molieres el 11 de Julio (43K + 4200) y acabar con el Trail Valle de Tena, el 29 de agosto (78K +6700 ), para ya en septiembre tumbarme a la bartola.

El año pasado pude hacer una buena base de horas de entreno, y como veis, me va el rock&roll. Además también el año pasado decidí comenzar a dar pasitos para poder correr con garantías, quizás en 2022, la Ronda del Cims, carrera que ha anunciado recientemente que nunca jamás se volverá a celebrar. Uno no puede hacer planes.

A hacer mis aventurillas

Pero en esencia este baile de planes y fechas tampoco me ha afectado mucho, pues tengo claras mis preferencias, y entre esas carreras se entremezclaban ideas, rutas y “aventurillas” construidas a base de mapa e ilusión, y que ahora se han convertido en los motivos principales para seguir dándome caña.

De un tiempo a esta parte hay dos palabras que se han ido colando en mi mente; ultradistancia y autosuficiencia. Son dos palabras potentes, atractivas y que te pueden hacer crecer mucho como deportista y como persona por las dificultades físicas y mentales que representan, pero que hay que medir bien por que no son ninguna broma

Juntando todo esto y tras ir viendo la luz después del confinamiento, surgió la idea de hacer una ruta inédita, larga y en autosuficiencia, pero en un ambiente muy conocido y controlado.

Amanecer desde el Cerro Carril - Coqueteando con la autosuficiencia
Amanecer desde el Cerro Carril – Coqueteando con la autosuficiencia

Mira (Cuenca)

El lugar elegido es mi pueblo natal, que para más saber es Mira, provincia de Cuenca, y al que hacía casi medio año que no podía ir. La idea era hacer dos bucles: uno hacía el sur por la zona de las Hoces del río Ojos de Moya. Un recorrido muy rodador que atraviesa una zona preciosa y de un gran valor natural, la cual hace justo un año fue incluida en la Reserva de la Biosfera Valle del Cabriel.

Tras esto, parada técnica en el pueblo para decir que uno va bien, rellenar agua y seguir hacía el bucle de la Sierra de Mira. Terreno mucho más duro y agreste que contrasta con la suavidad del bucle anterior. Total unos 65 kilómetros, con un desnivel entre 2500- 2800 metros, la mayor parte de ellos en el segundo bucle.

El día de la autosuficiencia

Sábado 11 de Julio, suena el despertador a las 3:15 a.m después de haber trabajado todo el día anterior hasta las 19:30. De locos, sí, pero es que para hacer estas cosas no hay más narices. Desayuno, rápido, cojo mis trastos, voy al coche y tras una hora y poco de camino estoy en el pueblo. Casi sin haberme despertado aún me encuentro corriendo en mitad de la noche y cargado como una mula.

Podría haber dejado cosas en el coche o en casa. Pero no. ¡Es un test de autosuficiencia, díantres! Seguro que alguno se pregunta que llevaba encima para la previsión de hacer 65k en unas 8-9 horas, así que lo dado es que satisfaga vuestra curiosidad :

  •  2,5 litros de agua, por qué en los primeros 35 km no hay ni una fuente, sudo lo que no está escrito y no me apetece coger del río…
  • 2 plátanos
  • 3 medios sándwich de jamón serrano (2 lonchas)
  • 12 dátiles
  • 2 sobres para preparar  isotónico
  • Frontal, manta térmica y móvil
  • Total, alrededor de 3’5 kg de carga

Comienza a amanecer

El sol comienza a salir cuando llevo unos 8km, hace fresco,  pero se intuye un caluroso día, así que voy muy pendiente de beber y no pasarme de ritmo en un terreno que invita a correr.

Subidas suaves, bajadas suaves, buen firme en general y unas vistas privilegiadas de los extensos bosques que bordean los riscos de las Hoces del Ojos de Moya.

El Charandel - Coqueteando con la autosuficiencia
El Charandel – Coqueteando con la autosuficiencia

Corzos, águilas, búhos, zorros y una vegetación exuberante después de tan lluviosa primavera me acompañan hasta el kilómetro 17, lugar donde está  mi primer punto de control, el puente de El Charandel. A este punto llego casi sin darme cuenta, mientras voy recordando los días de infancia en que que mi padre me llevaba por aquí para coger regaliz. Sándwich, foto y pongo rumbo hacia Mira por una larguísima subida por pista forestal. El sol comienza a apretar y de los 14 grados de la salida ya no queda nada más que el recuerdo, aunque por suerte el calor incipiente se compensa con la ligereza que siento al cargar mucha menos agua

Vuelta a casa. Pero seguimos en autosuficiencia

Cuatro horas y diez minutos es lo que me costó recorrer esos primeros 35 kilómetros con unos 1000 metros de desnivel. Ya en casa (aunque podría haber rellenado en la fuente que hay a 50 metros..) mientras relleno los bidones y saludo a mi madre,  le explico que no era necesario ese banquete que me había preparado porque llevo todo lo necesario en la mochila ¡que quiero ir en autosuficiencia!.

Tras 10 minutos salgo pensando lo que me queda, el bucle de la Sierra, en el cual sí me encontraré una fuente, la cual según las informaciones que me llegan está este año a rebosar. Esto es todo un alivio, por qué son las 10 de la mañana y el sol ya es justiciero, pero aun así cargo solo 1 litro y medio para la hora y media que espero tardar en llegar a la Fuente del Rebollo. ¡Como se nota el peso respecto con el que cargaba de inicio!

Senda de Valdelagua

Después de un breve callejeo salgo del pueblo por la senda de Valdelagua, mientras remonto el barranco por su parte superior ya puedo ver en frente la cima del Rebollo, el primero de los picos de la Sierra. Tras abandonar el desfiladero enlazamos con la senda de la Majadilla, zona ya bastante dura donde se ascienden 300 metros en 2 km de subida.

Ahora ya sí que hace realmente calor, y aunque voy subiendo a un ritmo aceptable ya empiezo a notar cierto cansancio y lo peor, me empiezo a meter en mis propios pensamientos, quizás demasiado. Y es que las cosas de la vida a veces no son nada fáciles y claro, cuando uno empieza a estar algo cansado pues todo eso sale a flote. Lo bueno es que todas estas “aventurillas” son una buena lavadora de pensamientos negativos, y conforme voy llegando arriba se me va quitando la tontería poco a poco.

El Rebollo

Ya estoy casi en la cima, pero ahora toca bajar un poco y llegar a la cima desde la otra vertiente, primero por pista entre aerogeneradores y después campo a través, en un tramo que me encanta, primero por ir campo a través y segundo por las amplias vistas. Y es que la Sierra no tiene rivales cerca; Javalambre está al norte, se ve claramente pero aún dista como 60 kilómetros en línea recta, hacia el este no hay ninguna montaña más alta, de hecho se ve perfectamente el perfil de la Sierra Calderona, ya muy cerca del mar.

Hacia el sur tendríamos que irnos hasta la Sierra del Segura, en el extremo sur de Albacete y a más de 200 kilómetros de aquí. Hacía el noroeste tendríamos que irnos hasta el Sistema Central a otros tantos kilómetros, y sobretodo hacia el suroeste, donde no hay nada más alto desde este punto hasta el Algarve portugués, dejándonos así toda la llanura manchega a nuestros pies.

Cima del Rebollo (1323 metros) - Coqueteando con la autosuficiencia
Cima del Rebollo (1323 metros) – Coqueteando con la autosuficiencia

Fuente del Rebollo

Ya con más de un maratón en las piernas llegó a la Fuente del Rebollo y me lo tomo con tranquilidad; otro medio sándwich, recargo bien de agua y me siento unos minutos en una piedra. Tranquilo, mirando el paisaje e intentando disfrutar del momento. En unos cinco minutos estoy yéndome otra vez para encarar una larga bajada que me dejará de nuevo a orillas del río Mira, tras haber descendido los 500 metros de desnivel que hay desde este primer pico. Se han realizado trabajos forestales y lo que antes era un camino estrecho ahora se asemeja a un cortafuegos, y aunque no le quita dureza reconozco que le quita algo de encanto.

Esta bajada fue crítica para el desarrollo de la ruta, pues aunque iba ya algo cansado me encontraba bastante bien para llevar 50 kilómetros de trote, y aún con todo empecé a barajar la posibilidad de llegar abajo y girar hacia el pueblo en lugar de subir al Pico Cabero y al Pico Telégrafo (1422 m)  para terminar así lo trazado de inicio.

Subir hasta allí suponía hacer 12 kilómetros más, de los cuales los primeros cuatro consisten en una durísima subida que salva unos 600 metros de desnivel, de los que 400 se suben en el último kilómetro y medio y prácticamente campo a través, para después bajar por una senda de unos 8 kilómetros que te deja prácticamente de nuevo en el pueblo.

Los tres momentos temporales

Así pues el angelito de la prudencia empezaba su alegato en base a tres distintos momentos temporales: el pasado, pues hasta ese día solo habían pasado 11 semanas desde que nos desconfinaron y pudimos salir de nuevo al mundo, y a pesar de que en cuarentena creo haber hecho los deberes, yo no tengo ni cinta ni hostias y solo pude hacer mucha fuerza, algo de escaleras, ir en bici al curro y sobretodo leer mucho. La duda de si esto iba a sobrepasar la carga a la que estaba adaptado era razonable.

Luego el alegato proseguía en el tiempo presente, y es que con una temperatura que ya superaba los 30 grados el fantasma de la deshidratación siempre aparece. En mi vida he sufrido dos y no se lo deseo a nadie, es cierto que fueron hace muchos años y quizás son los días de los cuales más lecciones he sacado, de hecho es algo que tengo bastante controlado y suelo entrenar muchas veces a más de 30 grados ¡pero no tantas horas! No tenía indicios de que fuese a suceder, pero por nada del mundo quería jugármela en esas dos horas más que me quedaban.

Para concluir, la mirada al futuro, pues esto solo era un test y no un objetivo principal. Seguir podría significar tener que descansar muchísimo o acabar teniendo alguna molestia que todavía me hiciera parar más, y lo cierto es que quiero disfrutar del verano, ya que me perdí la primavera, y poder terminar agosto con un sustitutivo del Valle de Tena que pueda estar a la altura.

Ermita de la Piedad

Con todo giré hacia el pico, y es que esa ascensión por el fondo del barranco; siempre húmedo, lugar donde las encinas se mezclan con los pinos, donde el musgo llena piedras y troncos, esas amplias vistas de la Serranía Conquense y las montañas de Teruel. Cuando en la cota 1300 sales del barranco, la vegetación casi desaparece y el viento se hace omnipresente, y después esa bajada larga entre pinares frondosos constituyen sin duda, uno de mis rincones favoritos del mundo mundial.

Avance medio kilómetro, pero no lo veía claro, así que dí media vuelta y puse rumbo hacía al pueblo, parando en la Ermita de la Piedad y recuperando la idea original, que en lugar de llevarte hacía el pueblo en un escaso kilómetro llano te hace recorrer casi cuatro entre una subida por sendero pedregroso y descarnado y un camino que baja suavemente hasta la parte alta del casco urbano .

Y así, en 7 horas 40 minutos llegué de nuevo al punto de partida, con 58 kilómetros en las piernas y 1900 metros de desnivel positivo, también con un sandwich de sobra y con bastante buena cara.

Clásico momento post esfuerzo de “jodidos pero contentos” - Coqueteando con la autosuficiencia
Clásico momento post esfuerzo de “jodidos pero contentos” – Coqueteando con la autosuficiencia

El análisis de la autosuficiencia

En primer lugar decir que, escribiendo esto dos días después de la ruta, no tengo ni siquiera las piernas cargadas. No puedo decir que esté fresco como una rosa, pero la verdad es que me siento más recuperado de lo que esperaba y por supuesto sin molestia alguna.

Puedo estar más que satisfecho y no me arrepiento para nada de haber hecho menos de lo pensado, pues soy de los que piensan que se hace más camino con muchos pasitos cortos que con pocos grandes

También decir que me ha gustado mucho la experiencia de autogestionarme por completo durante tanto tiempo, algo que dista mucho de saber que tienes un avituallamiento cada pocos kilómetros. Menos velocidad, muchas cosas que pensar, pero una enorme sensación de libertad desde el momento en que ojeas un mapa para trazar una ruta hasta que comienzas a dar zancadas.

Por otro lado, en cuanto a la ruta en sí y a los numeritos que tanto me gustan, me salió un ritmo medio global (contando las paradas ) de 7’ 54 “ el kilómetro, si contamos solo el tiempo en movimiento el ritmo fue 7 ‘ 13 “ el kilómetro, a un pulso medio de 138 pulsaciones.

Más que los números globales…

Pero más que los números globales y analizando un poco más, desde luego me quedo con que esa fue la intensidad que me marqué realizar y fui manteniéndola en cada uno de los parciales, logrando que las pulsaciones no se fueran de madre ni siquiera con el paso de las horas ni tampoco con el aumento de la temperatura.

De hecho, la subida hasta la “casi” cima del Rebollo la pude hacer a 145 pulsaciones y una velocidad media de 6 kilómetros hora, con una velocidad de ascensión de 534 metros a la hora. Teniendo la subida una pendiente media del 10 % durante 4 kilómetros, a casi 30 grados y cargando allí entre litro y litro y medio de líquido.

Desde luego se puede hacer mucho más rápido, pero a mí me deja satisfecho y más habiendo planeado estar un par de horas más.

Captura de imagen de Golden Cheetah , donde se ve el perfil y las pulsaciones durante la ruta. Ahí se ven claramente las paradas que hice y que ya había previsto realizar en mi plan inicial.
Captura de imagen de Golden Cheetah , donde se ve el perfil y las pulsaciones durante la ruta. Ahí se ven claramente las paradas que hice y que ya había previsto realizar en mi plan inicial.

Más y más datos

Por último resaltar que el recorrido, especialmente en su primer bucle, estaba pensado para sacarme de mi zona de confort y es que aunque se suela pensar que correr en terrenos más suaves es menos duro que hacerlo en terrenos abruptos, yo personalmente no lo tengo nada claro, especialmente en largas distancias.

Me explico, si queremos mantener una intensidad dada, primero en un sitio plano con buen firme y luego mantener esa misma intensidad en un terreno con mucho desnivel y de cierta técnicas, veremos que en el terreno “fácil” nos veremos obligados a correr todo el rato, con muy pocos cambios de dirección, con su correspondiente fase de vuelo e impacto asociado y avanzando con un gesto de carrera muy similar todo el rato, lo que implica que vayamos castigando las mismas partes del cuerpo quizás durante horas.

En el terreno técnico y abrupto puede que la fase de vuelo típica de la carrera llegue a desaparecer, los cambios en el gesto de carrera  son continuos permitiendo así no castigar permanentemente las mismas estructuras, aunque por supuesto el desgaste muscular puede ser brutal.

Además, enérgicamente supongo que habrá bastantes también grandes diferencias entre un tipo de esfuerzo y otro. Así pues, que un esfuerzo sea más duro o más llevadero será algo muy relativo y dependerá mucho de donde seas más eficiente. En mi caso está más que claro, en el segundo. De siempre, correr en llano se me hace “bola” mientras que trepar o destrepar me resulta bastante fácil aunque tenga que hacerlo durante horas. Eso a pesar de vivir en Valencia ciudad, donde no hay ni una puñetera cuesta.

Lo siguiente a la autosuficiencia

Para ir al Valle de Tena me había cogido un día libre en el trabajo, así que esos días pretendo gastarlos igualmente en algún reto que esté a la altura de lo que pretendía. Todavía tengo que discernir entre las alternativas que me planteo, aunque con el estado del mundo en general y con una probable mudanza en ciernes creo que lo de ir a Pirineos un par de días va poco a poco perdiendo papeletas.

Tengo algo muy guapo pensado en Alicante, en las sierras de Aitana y Serrella, pero en agosto me parece algo temerario, así que la opción que va ganando enteros va siendo la de plantearme una gran vuelta por el macizo de Javalambre, es una sierra que me encanta, me pilla a mano y dónde siempre que he ido he disfrutado mucho.

Iré tirando de mapas mientras dedicó unos días a recuperarme por completo y volver a las montañas.

Aquí la ruta a vista de pájaro
Aquí la ruta a vista de pájaro (y en autosuficiencia)

Salud y montaña

¡¡NO SEREMOS LOS MEJORES, PERO ENTRE TODOS SOMOS LOS MÁS MOLONES!!

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